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EVOLUCIÓN
BIOLÓGICA O CREACIÓN DIVINA: ¿un falso dilema?
LEANDRO
SEQUEIROS
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0.
INTRODUCCIÓN
En la conferencia de ayer hablaba de la problemática de la
Antropogénesis, de la emergencia de lo humano, más allá de la
paleontología. Intentamos preguntarnos ¿cómo surge el Homo sapiens y cómo
surge la cultura como atributo humano.
Tal vez en el punto de lo humano es donde ha sido más fuerte la polémica y las
opiniones excluyentes entre EVOLUCIÓN Y CREACIÓN. ¿Es necesario
elegir uno de los términos?
Recientemente ha saltado a la prensa el fallo del juez Jones en Dover (Pennsylvania, USA) sobre el Diseño Inteligente. La Junta escolar del Distrito de Dover quería imponer un libro creacionista en la Escuela pública. Un grupo de madres denunció a la Junta escolar. Es el famoso juicio Kitzmiller y otros contra la Junta Escolar del Distrito de Dover. La sentencia es ya casi mítica y acaba de aparecer en un libro de Brockman[1]. Frente a los que defienden que la Biblia es un libro científico y el argumento único de verdad (los creacionistas científicos), los evolucionistas reclaman la autonomía de las ciencias y el diálogo con los creyentes para encontrar pistas de diálogo.
A modo de presentación
Nadie es neutro en sus afirmaciones aunque se precie de ser científico. Nuestras afirmaciones están teñidas de construcciones e imaginarios sociales que nos determinan.[1] Ver en Brockman, J. editor, Intrelligent Thought: Science versus Intelligent Design mouvement. New York, Vintage Books, 2006, XIII + 216 pág. Gregersen, N. H., “Divine Action, Compatibilism, and Coherente Theory: a response to Russell, Clayton and Murphy”. Theology and Science, 4 (3)(2006), 215-228; Murphy, N., “Divine Action in the Natural Order: Burilan´s Ass ann Schröedinger Cat”. In Russell, R., Murphy, N. and Peacocke, A., edit., Chaos and Complexity: Scientific Perspectivas in Divine Action. Ciudad del Vaticano, Berkeley, 1997, 330. En la prensa diaria: Sánchez Ron, J. M. Elogio de Darwin. El País, Babelia, 20 enero 2007, pág. 13.
Me presento ante ustedes como un creyente que, desde su formación
científica como paleontólogo, que ha dedicado años al estudio de los
procesos evolutivos de la vida sobre el planeta.
Y anticipo la conclusión de mi conferencia: frente a las posturas
defensivas, ofensivas o apologéticas, hoy, más que nunca, es necesario
un diálogo entre la ciencia y la teología, entre los científicos
y los cristianos para llegar a un encuentro (que no exige necesariamente
la coincidencia de posturas). Y, planteando esta cuestión desde el punto
de vista de los científicos, hoy hay muchos de ellos dispuestos al
diálogo y al encuentro.
Esta conferencia parte de una convicción: que la evolución del universo, la evolución de la vida y la evolución humana no son meras suposiciones sino conceptos que pertenecen ya al patrimonio común de la humanidad. Incluso, como veremos, el propio papa Juan Pablo II afirmó en 1996 “que la evolución ha dejado de ser una teoría”. En el sentido tradicional de “opinión”, “interpretación” no fundada, afirmación pasajera y criticable.
También el padre de la biología evolutiva, Theodosius Dobzhanski, que era cristiano ortodoxo, afirmó hace más de 50 años: “Hoy la biología no se entiende sino desde la evolución”. Las Ciencias de la Naturaleza (biología, geología, física, antropología, medicina...) dan por supuesto el HECHO de la evolución biológica. Es un axioma que no se discute. Pero los mismos científicos reconocen que están lejos de un acuerdo sobre qué cosa es la evolución y sobre los mecanismos que conducen el proceso evolutivo.
Estas afirmaciones tan explícitas pueden sorprender a algunas personas con poca formación. Tengo la convicción de que muchos cristianos hoy, no es que tengan dudas de fe sino lo que suelen tienen es más bien ignorancia, falta de formación. Por eso, hoy en una sociedad abierta y secularizada es muy necesaria la formación humana y teológica, la lectura crítica, la reflexión y el intercambio de puntos de vista.
Desde esta postura no dogmática y abierta que hoy mantienen muchos científicos (sean o no creyentes), estimo que se está tendiendo una mano a las religiones y a los teólogos para hacer posible el diálogo. Este diálogo debe llevar a encontrarse y tender puentes de entendimiento respetuosos con la posición de cada uno. Nos unen más cosas de lo que parece. Y, con frecuencia, nos separan más las palabras que las realidades. Esto no quiere decir que todos los científicos evolucionistas estén dispuestos a aceptar lo que los teólogos puedan aportar y criticarles. Pero partimos de que ambos, científicos y teólogos, deben estar dispuestos a dialogar y a encontrarse.
Estas palabras de Juan Pablo II, escritas en 1987, con ocasión del centenario de la publicación de los Principia de Newton (que aparecieron en 1687) son suficientemente expresivas y significativas de lo que deben ser los intentos de los cristianos bien formados que viven en una sociedad secularizada e impregnada por el pensamiento científico: "la ciencia puede purificar a la religión del error y de la superstición; la religión puede purificar a la ciencia de idolatría y falsos absolutos. Cada una puede atraer a la otra hacia un mundo más amplio, en el que ambas puedan florecer".Mi intención es mostrarles la necesidad de diálogo y de entendimiento. Esto no significa que se llegue a coincidir en todas las ideas. No se trata de convencer sino de ofrecer humildemente el resultado de la propia reflexión. Es posible y necesario encontrar espacios de diálogo interdisciplinar. Y donde no se pueda, al menos debe mantenerse una postura de respeto y aceptación de la diferencia. Como decía Juan Pablo II en la frase citada, el encuentro purifica de dogmatismos a unos y a otros. Y esto no es caer en el relativismo. Se trata de aceptar que nadie tiene el monopolio de la verdad y que cada observador tiene una perspectiva del único paisaje de la verdad que nunca llegamos a conocer del todo[1].
¿Es posible ser cristiano y aceptar al mismo tiempo el origen evolutivo del universo, la vida y de la especie humana? ¿Son compatibles EVOLUCIÓN BIOLÓGICA Y CREACIÓN DIVINA? ¿Es posible un diálogo y un encuentro entre las teorías científicas sobre el origen humano y la doctrina teológica de la creación?
Y de una manera más general, ¿hay una exclusión entre las posibilidades de aceptar la EVOLUCIÓN y continuar siendo CRISTIANO? ¿No se trata de un FALSO dilema?
Tengo compañeros científicos que no comprenden que yo me considere EVOLUCIONISTA Y que, sin embargo, continúe siendo cristiano. Tal vez el error está en el planteamiento filosófico y teológico del concepto de CREACIÓN.2] Con frecuencia, la dificultad para el diálogo se encuentra en el lenguaje. Recomendamos este libro editado por ASINJA: A. DOU, edit. Lenguajes científico, mítico y religioso. Editorial Mensajero, Biblioteca de Fomento Social, 26 (1980) Bilbao, 285 pág. Colaboraciones de: Blanch, A. (1980). El lenguaje estético., 155-159. Camps, V. (1980). El lenguaje como juego. 119-144. Corbí, M. y Comas, C. (1980). Discurso valoral, discurso científico y discurso religioso. 203-210. Gómez Caffarena, J. (1980). El lenguaje simbólico y su verdad. 239-272. Hortal, A. (1980). Filosofía del lenguaje moral. 145-154. Mardones, J. M. (1980). Reflexiones sobre la sesión final. 273-285. Martín Velasco, J. (1980). El simbolismo desde la Ciencia de las Religiones. 161-202. Ribes, D. (1980). Lenguaje científico y cambio conceptual. 13-44. Scheifler, J. R. (1980). El "lenguaje mítico" de la Biblia. 45-94.
Desde mi punto de vista, la aceptación de un DIOS CREADOR no implica que uno se considere CREACIONISTA (en el sentido peyorativo que hoy se entiende: defensor de que todas las especies que existen y sobre todo la especie humana, han aparecido por un acto creador directo de Dios tal como dice la Biblia)
Un debate reavivado
Desde
hace un año este tema se ha reavivado mucho.
Todo surgió cuando el 17 de mayo del año pasado, 2005, el
astrofísico Lawrence Krauss publicó en el New York
Times un artículo contra los movimientos creacionistas
en los Estados Unidos. Y sobre todo, contra la nueva versión del
llamado “Diseño inteligente”.
Los CREACIONISTAS pretenden mostrar que los datos bíblicos sobre la creación (los siete días, el Diluvio, el Paraíso...) son científicos y por ello hay una CIENCIA DE LA CREACIÓN alternativa a las CIENCIAS DE LA EVOLUCIÓN.
Pero semanas más tarde, el 7 de julio, el cardenal de Viena, Christoph Schönberg, publicó también en el New York Times un artículo en donde ponía en duda que un católico pueda ser evolucionista. Decía que no podemos prescindir del “diseño inteligente” de la creación frente al azar de los evolucionistas.
Este artículo motivó que un grupo de científicos cualificados escribiera al papa Benedicto XVI una carta pidiéndole que confirmarse si seguía apoyando la postura de Juan Pablo II sobre la evolución manifestada en su discurso a la Academia Pontificia de Ciencias en 1996, en la que decía que “la evolución ha dejado de ser una mera hipótesis”.
Por otra parte, en una iluminadora carta, el jesuita director del Observatorio Vaticano, padre George Coyne, publicó en la revista The Tablet el 6 de agosto de 2005 un clarificador artículo (www.thetablet.co.uk/cgi-bin/register.cgi/tablet-01063) en el que rebate los argumentos de Schönberg en el que habla de la “creación continua” y de la “creación en la evolución”, negando que haya oposición entre la Evolución y la Creación. Los conceptos de “diseño inteligente”, “principio antrópico”, “ciencias de la creación”, “creacionismo científico” y otras han estado muy presentes en la prensa en este verano.
Pero éste no es un tema que sea sólo objeto de debates en la prensa. Los teólogos de las ciencias (una nueva denominación emergente para los retos que presentan las modernas ciencias de la naturaleza a las formulaciones clásicas de los dogmas teológicos) han publicado desde hace 25 años sus trabajos[1].Resaltamos tres estudios actualizados que merecen la atención de los oyentes más inquietos: Andrés Torres Queiruga, “Recuperar la creación. Por una religión humanizadora”, John Polkinhorne, “Ciencia y Teología. Una introducción” y el de Ian G. Barbour, “El encuentro entre Ciencia y Religión. ¿Rivales, desconocidas o compañeras de viaje?.
En estos meses, tanto el Instituto Metanexus para la Ciencia y la Religión (www.metanexus.net) como los grupos locales, como el de Granada, estamos reflexionando teológicamente sobre los retos que la visión evolutiva del universo, y dentro de él, de los seres humanos, pueden llevar a una confrontación entre la ciencia y la religión. Pensamos que dentro de una concepción abierta de la teología no solo es posible el diálogo, sino que es posible y necesario un encuentro de posturas. Y en este encuentro, ambos saldrán beneficiados, tanto la ciencia como la teología.
La versión “refinada” del creacionismo es el Diseño Inteligente. Según esta teoría, los parámetros del Universo hacen necesaria la aceptación de una mente divina ordenadora de todo lo creado. Esto ha provocado una ardua polémica en EEUU que ha llegado a los tribunales. Recientemente, el juez federal Jones de Pennsylvania ha rechazado la denuncia de los creacionistas que pretendían, por vía judicial, imponer la enseñanza del DISEÑO INTELIGENTE como teoría científica. El juez Jones dictamina que se trata de una creencia religiosa pero no científica.
Hace un poco más de un año, un prestigioso biólogo italiano, Fiorenzo Facchini, ha publicado en l´Osservatore Romano (16-17 enero 2006, pág. 4) un artículo titulado “Evoluzione e Creazione”. En este artículo, se hace eco de la sentencia del Juez federal Jones de Pennsylvania que ha dictaminado que el diseño inteligente no pertenece al mundo de la “ciencia” sino solo al de las creencias. Y por ello, la pretensión de grupos cristianos fundamentalistas de introducir el Diseño inteligente en los programas educativos al mismo nivel que la evolución biológica, no tiene lugar.[3] Juan Luis RUIZ DE LA PEÑA, Teología de la Creación .Sal Terrae, 1986. Es clásica la aportación de Luis ARMENDÁRIZ “La creencia cristiana y la evolución” (en M. CRUSAFONT, E. AGUIRRE Y B. MELENDEZ, edit. Evolución, BAC, 1966, pág. 826-852); y también el texto iluminador de Adolf HAAS, jesuita de Pullach, en 1962 (publicado en castellano en 1963 en la obra que él coordinó, Origen de la Vida y del Hombre. BAC, 1963, páginas 526-552. Más moderno es el trabajo de A. TORRES QUEIRUGA, Repensar la creación. Sal Terrae, Santander, 1997 (2ª edición) John POLKINHORNE, Ciencia y Teología. Una introducción Sal Terrae, 2000, y Ian G. BARBOUR, El encuentro entre Ciencia y Religión. ¿Rivales, desconocidas o compañeras de viaje? Sal Terrae, 2004
Algunos han querido ver en este artículo, un rechazo por parte de la Iglesia Católica del llamado “Diseño Inteligente” con pretensiones científicas.La mayor parte de las polémicas entre EVOLUCIÓN Y CREACION se han referido al origen humano. Por ello, es lógico que mis referencias a esta cuestión sean mayores. Mi objetivo hoy es presentarles la problemática histórica del conflicto entre evolución y creación divina desde un punto de vista histórico abriendo puertas a un debate.
Las preguntas brotan enseguida: ¿es real e insoluble el conflicto entre creación y evolución? ¿Es posible unos acuerdos entre científicos y teólogos? Para ello, habrá que dibujar una panorámica de las tensas relaciones que han existido (y en parte siguen existiendo) entre la concepción biológica del origen humano (la llamada hominización) y la concepción teológica del ser humano (lo que se ha dado en llamar la “Antropología teológica”).
Recorreré cuatro puntos en esta conferencia:
1) El punto de partida: ¿cuál es la situación actual en España de las relaciones entre evolución humana y creación humana?
2) Los orígenes del conflicto ¿cómo surge el conflicto?
3) Elementos para una solución dialogada ¿hay posibilidad de solución dialogada?
4) Pistas para el futuro: evolución y creación en estos últimos años
1. El punto de partida: La polémica de Atapuerca: ¿evolución humana que excluye la creación?
En estos años, ha surgido en España una fecunda polémica sobre los orígenes del ser humano que parte de la interpretación filosófica y teológica de los últimos descubrimientos de Atapuerca (Burgos)[1]. Muchos de los componentes del equipo interdisciplinar se han lanzado a publicar ensayos particulares que se adentran en terrenos que van más allá de la pura paleoantropología.
Ciencia y Teología. Una introducción
Sal Terrae, 2000, y Ian G. BARBOUR, El
encuentro entre Ciencia y Religión.
¿Rivales, desconocidas o compañeras de viaje?
Sal Terrae, 2004
[4]
Ver a este respecto el discurso de ingreso en la
Academia del “padre” de Atapuerca y quien
recibió el premio Príncipe de Asturas, el
profesor Emiliano Aguirre: Evolución humana.
Debates actuales y vías abiertas. Discurso
leído en el acto de recepción por el Exmo Sr. D.
Emiliano de Aguirre Enríquez en la Real Academia
de Ciencias, Madrid, 2000, 169 pág
De alguna manera, inciden en una visión con pretensiones científicas y filosóficas del ser humano que entra en conflicto con la visión teológica. Los trabajos de Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell, Ignacio Martínez, José María Bermúdez de Castro y otros[1], de gran venta popular, han difundido una determinada concepción discutible en algunos aspectos sobre la emergencia de la condición humana. Dos son los puntos a discutir:
a) El aparente reduccionismo biologicista subyacente: todo se explica desde la biología (lo que ayer veíamos)
b) La confusión que suelen tener algunos científicos entre creencias religiosas y teorías científicas y la imposibilidad de acuerdos. Uno de los grandes filósofos de la biología y que además se profesa ateo, el Dr. Michael Ruse (Universidad de Florida) acaba de publicar en 2005 un trabajo titulado en castellano: “Darwinismo y cristianismo: ¿deben mantenerse en guerra o es posible la paz?”[2]. Sin embargo, Ruse (pese a reconocer su ateísmo) pone en duda el que tengan que ser incompatibles. Estas ideas las ha desarrollado mucho más ampliamente en un libro anterior (2001) titulado “¿Puede un darwinista ser cristiano?”
La problemática científica, filosófica y religiosa de la evolución humana ha pasado al gran público a través de las revistas de divulgación (como Quo, Muy
5]
J. L . ARSUAGA e I. MARTÍNEZ.
La especie elegida. La larga marcha de
la evolución humana. Temas de Hoy,
Madrid 1998. J. L. ARSUAGA. El collar
del Neandertal. En busca de los primeros
pensadores. Temas de Hoy, Madrid,
1999; J. CORBELLA, E. CARBONELL, S.
MOYA, R. SALA. Sapiens. El largo
camino de los homínidos hacia la
inteligencia. Península, Barcelona,
2000; E. CARBONELL y R. SALA, Planeta
Humano. Península, Barcelona, 2000;
J. L. ARSUAGA, El enigma de la
Especie. Las causas, el curso y el
propósdito de la evolución. Plaza y
Janés, Barcelona, 2001; I. MARTÍNEZ y J.
L. ARSUAGA, Amalur. Del átomo a la
mente. Temas de hoy, Madrid 2002; E.
CARBONELL y R. SALA, Aún no somos
humanos. Propuestas de hominización para
el tercer milenio. Anagrama,
Barcelona, 2002; J. M. BERMÚDEZ DE
CASTRO, El chico de la Gran Dolina.
En los orígenes de lo humano.
Crítica, Barcelona, 2002; J. L. ARSUAGA,
Los aborígenes. La alimentación en la
evolución humana. RBA, Barcelona,
2002; J. L. ARSUAGA e I. MARTÍNEZ,
Atapuerca y la evolución humana.
Fundación Caixa Catalunya, Barcelona,
2004; J. L. ARSUAGA, “Así eran nuestros
ancestros”m en VVAA. La evolución del
hombre. De África a Atapuerca.
Nacional Geographic, Edición especial,
Madrid 2004, 30-47; J. M. BERMÚDEZ DE
CASTRO, Hijos de un tiempo perdido.
Editorial Ares y Mares, Barcelona,
2004; E. CARBONELL y J. M. BERMÚDEZ DE
CASTRO, Atapuerca, perdidos en la
colina. La historia humana y científica
del equipo investigador. Edit.
Destino, barcelona, 2004, J. L. ARSUAGA,
El mundo de Atapuerca. Plaza y
Janés, Barcelona, 2004.
[6]
M. RUSE. “Darwinism and Christianity:
Must They Remain or Is Peace Possible?”
En: J. D. PROCTOR (edit.) Science,
Religion and the Human Experience.
Oxford Universitary Press, 2005, 336 pág.
Ver también: M. RUSE. Can a Darwinian
Be a Christian? The Relationship between
Science and Religion. Cambridge
Universitary Press, 2001.
interesante, XLSemanal...)[1]. Además, la polémica desatada con el llamado “Proyecto Gran Simio”[2] ha dado lugar a múltiples comentarios en la prensa[3].
Estas opiniones han suscitado comentarios y respuestas muy diferentes dentro del mundo católico, muchas veces airadas y poco dialogantes[4]. Desgraciadamente, algunas reproducen muchos de los modelos intolerantes de otros tiempos. Esta comunicación intenta hacer una llamada, no solo al diálogo sino también al encuentro, suponiendo que ambas partes están sinceramente dispuestas a esa actitud positiva. De alguna manera, forma parte de un proyecto de “Teología de la Ciencia”, que acabo de publicar[5].
Les diré, como experiencia personal, que este es el empeño que ha guiado mi docencia y mis publicaciones en la Facultad de Teología de Granada desde hace diez años. Y ese fue el empeño de más de 20 años de trabajo desde dentro de la universidad civil, como profesor de Paleontología. [Y este es el empeño que llevamos a cabo en Granada un grupo de laicos y teólogos dentro del grupo local del Instituto Metanexus para la Ciencia y la Religión (www.metanexus.net), dentro de la Cátedra Ciencia-Tecnología Religión de la Universidad Comillas (www.upco.es/catedras/ctr) y a través de la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA) (pueden encontrar datos en www.upco.es/webcorporativo/Centros/Asociaciones.asp) que lleva más de 30 años reuniéndose anualmente y ha publicado 33 volúmenes de sus reuniones[6] ].
7]
“Supersapiens: ¿cómo será el
próximo ser humano?” Quo,
129, junio 2006; “Los primeros
humanos. Los últimos hallazgos”.
Muy interesante, 297,
febrero 2006, “¿en qué nos
parecemos a los animales?”.
XLSemanal, 976, julio
2006...
[8]
L. SEQUEIROS, Biología y
cultura: reflexiones sobre la
antropología filosófica de
Arnold Gehlen (1904-1976).
Documento para la Cátedra CTR.
Junio de 2006.www.upcomillas.es/Webcorporativo/Centros/catedras/ctr/Documentos/APORTACIONES/sequeiros2jun06.pdf
[9]
Citemos entre otros muchos:
“Chita sabe mentir, engañar,
seducir. Entrevista con
Francisco Garrido”. EL PAIS, 30
abril 2006, 80; “Encuentre las
diferencias. Un proyecto
parlamentario pretende acabar
con la esclavitud de los grandes
simios. ¿En qué se parecen ellos
a nosotros?” EL PAIS, 30 abril
2006, 42; “Que los simios gocen
de derechos no supone que los
humanos tengan menos. Entrevista
con Francisco Garrido. IDEAL,
Granada, 1 mayo 2006, 15; “Algo
más que monos, mucho menos que
humanos” EL PAÍS, 13 mayo 2006,
p.11; “El hermano Gorila”.
IDEAL, Granada, 1 mayo 2006,
19; “De simios y de humanos”
IDEAL, Granada, 14 de mayo
2006; “Los derechos humanos y
los derechos de los simios”.
IDEAL, Granada, 17 mayo, 27.
[10] Tal vez,
la respuesta más documentada
pero también menos dialogante es
la de R. BERZOSA, Una lectura
creyente de Atapuerca. La Fe
cristiana ante las teorías de la
evolución. Desclée de
Brouwer, 2005, 225 páginas.
[11] L.
SEQUEIROS. Teología de la
Ciencia: un concepto emergente.
Proyección, Teología y Mundo
actual. Facultad de Teología
de Granada (2006)
[12]
La Asociación Interdisciplinar
José de Acosta (ASINJA) ha
publicado este volumen de
interés:
Alberto DOU, edit.;
Evolucionismo y cultura.
Editorial Mensajero, Biblioteca
de Fomento Social, Bilbao 30
(1983) 278 pág. Con
colaboraciones de: de Renzi, M.
(1983). El neodarwinismo y las
críticas impuestas a su
reduccionismo radical por la
Paleontología y la Biología del
desarrollo. 57-82. García
Doncel, M. (1983). La
epistemología evolucionista de
Stephen Toulmin. 101-108.
Marzal, A. y Tornos, A. (1983).
Conceptos darwinianos e
interpretación de la historia.
159-218.Núñez de Castro, I.
(1983). Categorías del discurso
biológico. 17-56. Riaza, F.
(1983). Evolución y finalismo.
227-262. Rubio, J. (1983).
Sociobiología e
interdisciplinariedad.
115-158.Sala, J. (1983). La
explicación biológica de la
sociedad humana: un proyecto
irrealizado. 219-226.
Sequeiros, L. (1983). Idea de
"modernidad" en Geología y
Biología y su influjo cultural:
el caso de Charles Lyell y
Charles Darwin. 109-114.
Por eso,
esta conferencia anima a profundizar, con un talante optimista y
conciliador, en las vías de entendimiento entre científicos y
teólogos sobre el encuentro entre los conceptos de
evolución humana y creación humana.
Creo que es lícito que nos preguntemos: ¿es posible
encontrar unas formulaciones comunes que permitan a un cristiano
aceptar el hecho científico y la creencia cristiana? ¿Es posible
asumir que los humanos hemos aparecido en este planeta a lo
largo de un prolongado y azaroso proceso de evolución biológica,
y aceptar como cristianos que somos criaturas de Dios a su
imagen y semejanza?
2. LOS ORÍGENES DEL CONFLICTO ENTRE CREACIÓN Y EVOLUCIÓN HUMANAS
Si se recorre la historia de la Filosofía, la historia de la Biología y la historia de la Antropología, las lecciones pueden ser muy interesantes. La verdad es que prácticamente hasta el siglo XIX no se planteó científicamente la pregunta sobre el origen evolutivo de los seres humanos. Los griegos aceptaron la existencia de los humanos ahí, en el mundo, sin preguntarse si habían tenido un inicio y menos aún cómo aparecieron.2.1 El filósofo Aristóteles, con su mirada de filósofo natural, sitúa a los seres humanos dentro de la escala zoológica (no son ni minerales ni plantas). En su tratado sobre los animales, diferencia entre animales sin sangre y animales con sangre. Y entre éstos últimos, diferencia un grupo a los que llama vivíparos (con capacidad de dar a luz a sus crías), entre los que sitúa a los Cetáceos (que son marinos), los Cuadrúpedos (que son peludos y terrestres), y los Humanos. Aristóteles, por lo tanto, sitúa a los Humanos dentro del grupo de los animales. Pero evidentemente, no puede concebir que hay una relación biológica con los otros. Cada uno es así por “su propia naturaleza” (kata physin). Lo que ocurre es que cada grupo está en un peldaño diferente de la escala de perfección. Unos son más “perfectos” (acabados) que otros. Los humanos ocupan el escalón más alto debido a que tienen racionalidad, capacidad para pensar, y que les sitúa por encima de los brutos.
El cristianismo medieval, sobre todo el de Santo Tomás, recoge la herencia aristotélica. Pero tiene una gran dificultad para situar a los seres humanos dentro de la escala animal. La lectura bíblica del génesis le obligaba a reconocer la excelencia y preeminencia de los humanos y por ello la imposibilidad de reducir a los humanos a animales por muy racionales que fueran. La creencia en una creación directa y especial de Dios y el mandato de “dominad la Tierra” hacía a los humanos dueños y señores de todo.
El señorío del hombre sobre la creación fue una tesis mantenida durante siglos en la filosofía, la teología y las ciencias.
2.2 Desde el siglo XVIII: la aportación de Linneo
Pero en el siglo XVIII un hombre muy religioso, muy aristotélico y muy observador de la naturaleza va a provocar una revolución en el pensamiento sobre los humanos. Estoy hablando de Carl Linné, más conocido entre nosotros como Carl Linneo (1707-1778). A Linneo le debemos la genialidad de haber inventado un modo universal de designar a todos los animales y plantas: la nomenclatura binomial. El género y la especie, como categorías taxonómicas (de clasificación) aunque no les daba categoría biológica natural. A él le debemos el que seamos llamados Homo sapiens.
En su Systema Naturae (1735) Linneo considera al Homo como un género dividido en dos especies, según un criterio en parte físico y en parte sociocultural. Linneo clasifica al Homo en dos especies: Homo sapiens, variable según la educación y situación, comprende, entre otros, Americano, Asiático, Europeo, Africano, Salvaje.... Y Homo monstruosus, variable según el clima, y comprende, entre otros, los Patagones, Hotentotes, Indios americanos, chinos, indios canadiensessu reduccionismo radical por la Paleontología y la Biología del desarrollo. 57-82. García Doncel, M. (1983). La epistemología evolucionista de Stephen Toulmin. 101-108. Marzal, A. y Tornos, A. (1983). Conceptos darwinianos e interpretación de la historia. 159-218.Núñez de Castro, I. (1983). Categorías del discurso biológico. 17-56. Riaza, F. (1983). Evolución y finalismo. 227-262. Rubio, J. (1983). Sociobiología e interdisciplinariedad. 115-158.Sala, J. (1983). La explicación biológica de la sociedad humana: un proyecto irrealizado. 219-226. Sequeiros, L. (1983). Idea de "modernidad" en Geología y Biología y su influjo cultural: el caso de Charles Lyell y Charles Darwin. 109-114.
2.3
Darwin y la lectura sobre la creación y la evolución humana
Charles Robert Darwin (1809-1882) es un hito muy importante en
el debate científico sobre Evolución y Creación referido al ser
humano. Sus libros fueron bandera discutida durante el final del
siglo XIX y parte del siglo XX. Pero aquí es interesante
confrontarlo con otro
naturalista, mucho más joven que Darwin, que coincidió con su
pensamiento en los primeros años pero que después se despegó de
él por su interpretación sobre el origen de la humanidad. Nos
referimos a Alfred Russell Wallace (1823-1913)
Comencemos con Darwin: en su juventud fue un creyente convencido de la existencia del Diluvio y de la creación directa del hombre por Dios según la Biblia. Pero el mítico viaje alrededor del mundo realizado en el Beagle entre 1831 y 1836 cambió su mente. Dios y la creación divina fue perdiendo fuerza en su pensamiento[1]. En el Origen de las Especies por la Selección Natural (1859) Darwin orilló delicadamente el espinoso asunto de las raíces de la humanidad. Solo le dedica una frase: "Se hará la luz sobre el origen del hombre y su historia".
Y hay otra frase que merece ser resaltada: “Hay algo grandioso en esta concepción de que el Creador en el principio insufló la vida con sus múltiples fuerzas en unas cuantas formas o tal vez en una sola, y que mientras nuestro planeta gira siguiendo la ley inmutable de la gravitación, se desarrollaron y se siguen desarrollando, partiendo de un principio tan simple, un número infinito de las formas más bellas y maravillosas”
El paradigma evolutivo aplicado a las raíces de la humanidad dio lugar a enconadas controversias en todo el mundo ante algo que parecía escandaloso, denigrante a la dignidad humana y contradictorio con las enseñanzas bíblicas y de las iglesias cristianas. Pero los argumentos evolucionistas eran muy débiles. Apenas existían indicios de ese "missing link" (el eslabón perdido) que demostrase el parentesco evolutivo entre hombres y monos[2].
En los cuadernos de Darwin se expresa cómo estaba convencido de que todos los instintos, incluyendo los instintos sociales que honramos con el término de moralidad, han sido producidos por evolución. Trataba de reconducir la moral a una rama de la biología.
[13]
Sobre
DARWIN: BOWLER, P.J. (1995) Charles Darwin: el hombre
y su influencia. Alianza U.,832, 271 pág. HEMLEBEN, J.
(1971) Darwin. Alianza Editorial, 310, 196 pág.
MOOREHEAD, A. (1980) Darwin: la expedición del Beagle
(1831-1836). Ediciones del Serbal, Barcelona, 240
pp.- Ch.R.DARWIN (1887, 1987) Autobiografía. Alta
Fulla, 188 pág. Sobre el DARWINISMO: hay una gran
cantidad de obras de divulgación. Destacamos:
BECKNER,M.O. (1976) El Darwinismo. Cuadernos Teorema,
Valencia, CADEVALL, M. (1988) La estructura de la
Teoría de la Evolución. Public.Universidad Autónoma,
Bellaterra, 111 pp. RUSE,M. (1983) La Revolución
darwinista: la ciencia al rojo vivo. Alianza
Universidad, n0
372, 355 pp. BOWLER, P.J. (1985) El eclipse del
Darwinismo.
Labor Univers., 286 pág.
Recientemente se ha publicado un libro que, desde el
pensamiento evolucionista, se critican fuertemente los
pilares del darwinismo: R. CHAUVIN (2000) Darwinismo:
el fín de un mito. Espasa Forum, 330 pág.
[14]
Se recomienda a los alumnos la lectura de: M.A. PUIG-SAMPER
(1994) Darwinismo y antropología en el siglo XIX.
Hitoria de la ciencia y de la técnica AKAL, n1
49, 54 pág.
Darwin expone sus ideas sobre la Descendencia (descent, linaje) del hombre en 1871. Es un libro extraño, porque en su mayor parte es un tratado sobre la selección sexual. Darwin opina que la diversidad de razas se debe a procesos de selección sexual: "En la situación social más primitiva, los individuos más sagaces, los que inventaran y utilizaran mejores armas y los que se defendieran mejor de sus enemigos, serían los que darían lugar a mayor descendencia" (1:196). El libro sobre La Expresión de las emociones... (1872) iba a ser solamente un capítulo de La Descendencia del hombre (1871). Este libro se considera por algunos como el germen de la moderna etología (ciencia del comportamiento animal y humano).
El concepto de evolución en Darwin
Dentro de esta polémica surgen en los últimos años del siglo XIX e inicios del XX las sociedades antropológicas y también la Paleontología Humana. Los éxitos no se hicieron esperar y los restos de humanos fósiles empezaron a hacer su aparición: Java (1891), Cro‑Magnon, Sudáfrica... A estos siguieron numerosos hallazgos de fósiles de homínidos esclarecedores unos y polémicos otros, como el famoso hombre de Piltdown, falsificación científica que tardó 40 años en desvelar su carácter fraudulento, desde 1912 a 1953.
Al hablar de "evolución" los biólogos y los paleontólogos quieren decir que, con el paso del tiempo, el cambio de las frecuencias génicas de las poblaciones produce nuevas especies a lo largo de generaciones. Charles Darwin denominó a este fenómeno "descendencia con modificación", un proceso lento que suele actuar a lo largo de millones de años. Por ello, Darwin evitó nombrar la palabra "evolución" en la primera edición del Origen de las Especies (1859) y hasta la sexta edición (1872) no la usa. Ello tiene su explicación:
a) en tiempo de Darwin era sinónimo de preformacionismo, proceso de desarrollo previsto del embrión (uno de los temas más batallados en el siglo XIX[1]).
b) en tiempo de Darwin, la palabra "evolución" significaba "cambio a mejor" y la evolución darwiniana no tiene sentido progresionista.
c) en tiempo de Darwin, la palabra "evolución" significaba algún tipo de diseño previo de hacia dónde se encaminaba algún proceso. Y esa no era la idea de Darwin.
[15] COLEMAN, W. (1983) La biología en el siglo XIX. Problemas de forma, función y transformación. Fondo de Cultura Económica, México, 350, pp.64-ss; Giordan, A. y otros (1988) Conceptos de Biología, 2, 57 ss.
El concepto clave de la teoría darwinista de la evolución humana es el de selección sexual.
a) Los humanos, al igual que los demás seres vivos, están sujetos a las leyes inflexibles de la naturaleza y por ello, el cambio orgánico irreversible está guiado por la lucha por la existencia y la selección natural con la supervivencia de los más aptos.
b) La humanidad (aunque entonces no lo podía documentar con fósiles) apareció en un momento histórico por un proceso de cambio orgánico sin concurso de otros elementos (Dios no aparece por ninguna parte)
c) Los humanos no son otra cosa que primates más evolucionados. La selección natural ha ido conduciendo a la humanidad desde el estado de primate, hasta el de salvaje, y llegar al civilizado como estadio superior de la evolución.
d) Las comportamientos humanos (o culturales) son el resultado de un proceso biológico. Por evolución nacieron las instituciones culturales (familia, lenguaje, los valores, incluso lo que se llama religión).
e) En el contexto de Darwin hay siempre la conciencia de que hay culturas más evolucionadas que otras, más aptas para sobrevivir (como es la de los civilizados). Por ello, suelen ser etnocentristas.
2.4 Una larga historia de intolerancia entre Evolución y Creación humana
La historia de las relaciones entre las ciencias y las religiones ha sido, con frecuencia, tumultuosa y atravesada de prejuicios que han impedido el encuentro. Tal vez, la raíz de algunas de las actuales actitudes intolerantes haya que buscarlas en la última parte del siglo XIX, tanto en Europa como en España.
Un momento
significativo fue cuando en 1874 se publicó en
Inglaterra la primera edición de un libro
polémico en el que se resaltaban de forma
intolerante y sin posibilidad de solución los
conflictos entre los conocimientos que dan las
Ciencias y las Religiones. Se trata del
libro de John William Draper titulado
Historia de los conflictos entre la Ciencia y la
Religión.
La publicación del libro de Draper
venía, pues, precedido por una estruendosa
polémica en la que, más allá de la argumentación
científica, se enfrentaban dos modos de entender
el ser humano, dos concepciones del mundo, dos
modos de interpretar la realidad. En el fondo,
entraban en conflicto dos posturas religiosas,
ideológicas y políticas que se antojaban
irreconciliables: por una lado, la postura
científica y progresista, tachada de
materialista, darwinista y atea, y que relegaba
al ser humano a
un simple animal; y por
otro lado, la postura religiosa, conservadora,
espiritualista, antidarwinista y creyente, que
consideraba la dimensión espiritual del ser
humano.
2.5 Antidarwinismo visceral en España en el siglo XIX
En España, los debates sobre el darwinismo, el origen animal de lo humano y el libro de Draper llegaron más tarde, pero brotaron también bajo el signo de feroz confrontación entre las dos posturas citadas a las que se añadía la pasión religiosa de los participantes. A pesar de que ya a finales del período isabelino se había comentado en España la teoría de Darwin, la difusión y debate sobre el evolucionismo en la comunidad científica española no se inició hasta el llamado Sexenio Revolucionario (1868-1874)[16].
El ambiente social, político y religioso que se refleja en la excelente novela de Clarín, “La Regenta”, expresa muy bien tal contexto. Sin embargo, a pesar de que en Europa los debates giraban en torno a las ideas contenidas en El Origen de las Especies, la primera traducción al castellano de obras de Darwin fue denominada aquí con el título El Origen del Hombre. La selección natural y la sexual, que apareció en Barcelona en 1876 en versión recortada. La traducción de la edición inglesa de El Origen de las Especies no se publicó hasta 1877[17].
A principios del siglo XX, diversas editoriales como Sempere en Valencia o Atlante, Maucci y La revista Blanca en Barcelona, lanzarán grandes tiradas a precios populares de las principales obras de Darwin. De El Origen del Hombre se editaron 6.000 ejemplares en 1902, a la que siguieron otras seis con un total de 56.000
[16]
Hay una
bibliografía abundante. F. PELAYO,
Ciencia y creencia en España durante el
siglo XIX. CSIC, Madrid, 1999,
Cuadernos Galileo de Historia de la
Ciencia, núm. 20, 377 pág.; D. NÚÑEZ,
El Darwinismo en España. Madrid,
1977, Edit. Castalia, pág. 7-58; F.
GARCIA SARRIÁ, El Darwinismo.
Conferencias pronunciadas en el Casino
de Oviedo en los días 25 de febrero, 4 y
11 de marzo de 1887 por Genaro Alas.
University of Exeter, 1978,
Introducción, páginas V-LIII); T. GLICK,
Darwin en España. Barcelona,
1982, Ediciones Península; J. C.
GRANADOS CASCOS, Los orígenes de la
polémica darwinista en España. Arbor,
Madrid, tomo CXIII, núm. 441-442,
(1982) 151-173; J. JOSA, “Introducción”,
en: Charles Darwin, El Origen de las
Especies, Madrid, 1988, Espasa Calpe,
13.34;
L. SEQUEIROS. Producción científica
paleontológica española en el siglo XIX.
impacto de la modernidad. Actas II
Congreso Soc.Españ.Hist.Ciencia
(Jaca, Huesca, sept.1982), Zaragoza,
1984, tomo II, pp.453‑468; L. SEQUEIROS,
Impacto del darwinismo en la
paleontología española: Juan Vilanova y
Piera (1821‑1893). Actas II Congreso
Soc.Españ. Hist.Ciencia (Jaca,
Huesca, sept. 1982), Zaragoza, 1984,
tomo I, pp.523‑538
[17 D. NÚÑEZ, opus
cit., 24-31.
ejemplares. De El Origen de las Especies se editaron 6.000 ejemplares en 1903, seguida de seis más con un total de 34.000 copias[18].
Esto explica la actitud ferozmente antidarwinista que mostró la revista jesuítica Razón y Fe desde su fundación en 1901[19]. En esos años, los textos a favor y en contra del darwinismo están atravesados de apasionamiento, primando las posturas previas y la agresión por encima del deseo de diálogo y comprensión de las posturas de los demás. Toda una lección de lo que no debemos hacer. La respuesta apologética de la Iglesia española del siglo XIX y parte del XX a las ideas darwinistas y evolucionistas ha sido estudiada por el profesor Francisco Pelayo[20].
Varios son los puntos en los que obispos y teólogos se oponen a las ideas evolucionistas sobre la condición humana: 1) se opone a la doctrina de la Biblia, promoviendo una visión materialista del hombre; 2) se opone a la idea creacionista y niega al Dios creador, por lo que es una visión atea; 3) se opone a la existencia de la Providencia de Dios que tiene un designio (diseño) divino que es negado y sustituida por la selección natural; 4) se opone a una visión teológica del ser humano rebajándolo a la condición de animal; y 5) se opone a la existencia del pecado original.
Estos son los argumentos que se esgrimen por los estamentos eclesiásticos de la época. Estos argumentos no son exclusivos de España, puesto que en 1860 (un año después de la publicación de El Origen de las Especies (1859), el sínodo provincial de Colonia proclama que la evolución “es contraria a la Sagrada Escritura y a la fe”[21]. El sector más conservador de la Iglesia española unió sus fuerzas contra esta teoría. Incluso, los argumentos esgrimidos procedían de fuentes científicas antidarwinistas (que sí las hubo, y fuertes), como Vilanova y Piera (catedrático de Paleontología en Madrid[22]), Louis Agassiz, Brongniart, el suizo Ch. T. Aeby, y otros. Entre las críticas más “ilustradas” al evolucionismo darvinista citemos la figura de fray Zeferino González (1831-1894), cardenal- arzobispo de Sevilla. En sus Estudios religiosos, filosóficos, científicos y sociales (1873) describe el darwinismo como materialismo
[18] D. NÚÑEZ,
opus cit., pág. 26-27.
[19] L.
SEQUEIROS.
Las ciencias en España
(1901-2001): un siglo en
compañía de Razón y Fe. Razón
y Fe, 243, núm. 1231 (2001),
mayo, 477-485.
[20] F.
PELAYO, opus cit.,
307-340.
[21] H. JEDIN,
Manual de Historia de la
Iglesia. Herder, Barcelona,
1978, VIII, 875, nº 26.
[22]
He tratado
este autor en L. SEQUEIROS,
“Impacto del darwinismo en la
paleontología española: Juan
Vilanova y Piera (1821‑1893)”.
Actas II Congreso Sociedad
Española de Historia de la
Ciencia (Jaca, Huesca,
1984), tomo I, pp.523‑538.
disfrazado[23]. Zeferino González fue uno de los participantes en el Primer Congreso Católico Nacional Español, celebrado en Madrid en 1889. Allí atacó a los prehistoriadotes y sus métodos lo que provocó una ruda polémica con José Rodríguez Carracido (1856-1928) catedrático de Farmacia de la Universidad Central.
2.6 La traducción española de la obra de Draper y su difusión
En este clima tenso se publica en España la traducción del libro de Draper[24] en el que se reafirma con casos concretos la imposibilidad de conciliar la ciencia moderna con las creencias religiosas. La primera edición castellana es de 1876 y fue traducida directamente del inglés por Augusto T. Arcimis y se agotó rápidamente. La primera edición española del libro de Draper incluye un prólogo del almeriense de Alhama, Nicolás Salmerón, filósofo y político "revolucionario". Luego se volvió a editar en 1885, 1886 y 1888. Más tarde, a principio del siglo XX, editoriales como Sempere (o su sucesora, Prometeo) y Maucci, vinculadas a los medios republicanos y anarquistas, hicieron amplias tiradas de la misma a precios populares (una peseta de entonces). La primera edición que hizo Sempere apareció en 1903, con traducción de A. Gómez Pinilla.
En esos años tuvo una amplia difusión como una herramienta de transmisión de las ideas materialistas, ateas y progresistas que se pensaban incompartibles con cualquier concepción religiosa del mundo. En esos años, la ciencia y la religión caminaban por caminos no solo divergentes sino también incompatibles.
3. ELEMENTOS PARA UNA SOLUCIÓN DIALOGADA
3.1 La creación y la evolución no son incompatibles: hay un falso dilema
Es necesario insistir en la necesidad de no confundir los ámbitos de explicación de los acontecimientos naturales y ceñirse a lo que explica la teoría de la evolución, desligándolo del marco más general o más amplio que puede plantear el origen del Universo, que aun hoy plantea un inmenso enigma para la ciencia. Por ello, lo primero que hay que señalar es que la creación y la evolución son asuntos diferentes.
23] C.
GONZÁLEZ,
Estudios religiosos,
filosóficos, científicos
y sociales.
Madrid, Policarpo López,
1873, I, 302-320;
también en “El
darwinismo” Historia
de la Filosofía.
Madrid, 1886 (2ª edic.),
274-285; La Biblia y
la Ciencia. Sevilla,
1891, 180 ss. D. NÚÑEZ,
opus cit., pág.
97ss, 99ss, 179ss,
223ss, reproduce algunos
textos antológicos
.[24]
J. W. DRAPER.
Historia de los
conflictos entre la
religión y la ciencia.
Madrid, 1876; La
segunda edición está
fechada en el
Establecimiento
tipográfico de Ricardo
Fe, 1885. La traducción
es de Augusto T. Arcimis
y tiene un extenso
prólogo de Nicolás
Salmerón. De esta
edición se ha publicado
el facsímil consultado:
Editorial Alta
Fulla/Mundo Científico,
Barcelona, 1987, con un
prólogo de Diego Núñez.
Que la evolución como
teoría científica no
explica la creación del
Universo, ni el origen
de la Tierra, ni
siquiera el origen de la
vida, sino solo la
variación de los seres
vivos, la diversidad de
la vida a lo largo del
tiempo desde hace algo
menos de 4.000 millones
de años.
San Agustín
(354-430)afirmaba que
«Dios creó el mundo con
el tiempo y no en el
tiempo, de modo que
Dios, eterno, queda
fuera del tiempo". Algo
que no puede rebatir la
ciencia, pues en el
modelo cosmológico, la
ciencia corrobora que la
materia, el espacio y el
tiempo son indisociables
y que con la explosión
primordial surgió todo,
se originó el Universo,
el espacio y el tiempo.
Dicho lo anterior es
preciso señalar que la
teoría de la evolución
tiene su parcela en el
último tercio del tiempo
transcurrido desde la
creación del Universo y
por lo tanto no se
plantea cómo debió
ocurrir el origen de la
materia, ni siquiera el
origen de la vida. El
tiempo forma parte
inseparable de la
historia del Universo y
nace justo con la
creación, mientras que
la evolución de los
seres vivos es algo que,
hasta donde sabemos,
tiene lugar solo en
nuestro planeta tras una
larga etapa prebiótica.
De este modo, la
creación y la evolución
son dos fenómenos
diferentes separados en
el tiempo. No hay porque
extender la explicación
causal del origen y la
variación de los seres
vivos a etapas
anteriores, ni tampoco
negar la posibilidad de
llegar a conocer algún
día qué debió suceder
hasta llegar al origen
de los seres vivos. Algo
que es compatible con
una profunda
transformación desde
moléculas sencillas,
aunque sorprenda el
cúmulo de
acontecimientos que
debieron ocurrir en un
corto periodo de tiempo
de unos cientos de
millones de años, desde
que se consolidó la
corteza terrestre,
aproximadamente hace
4.400 millones de años.
Un hecho a tener en
cuenta es que si bien la
teoría de la evolución
no abarca aspectos
propios de la
explicación causal del
origen de la materia o
del espacio, adquiere
todo su realismo y hasta
su sentido, como
prolongación de dichos
acontecimientos
extraordinarios. Es
evidente que aunque la
teoría de la evolución
no se refiere a los
acontecimientos
anteriores a los seres
vivos, éstos son
herederos y consecuencia
del mismo impulso
creador que tendría su
origen en la gigantesca
explosión conocida como
"big-bang". La aparición
de los primeros seres
vivos se entiende hoy
como el fruto de unas
transformaciones
sorprendentes de la
materia inorgánica, como
algo procedente del
mismo envite creador,
consecuencia del
dinamismo y de las
propiedades con que
surgió la materia.
3.2 Respetar el
principio de demarcación
de las ciencias y de la
teología
En
realidad, no existe
contradicción en los
ámbitos específicos y
distintos con los que la
ciencia y la teología
explican el misterio de
la creación de la
materia, el
Universo y la vida.
la Ciencia nos
describe el cómo es el
mundo: la Teología nos
revela la causa,
Galileo decía: la
Ciencia nos dice COMO es
el cielo: la Teología,
nos enseña cómo SE VA al
Cielo. De este modo, dos
de las cualidades
inherentes al ser
humano, el sentido de
trascendencia y la
búsqueda de una
explicación por medio de
la razón, encuentran
satisfacción
complementaria en el
esclarecimiento de la
creación. Nuestro
sentido de la
trascendencia nos lleva
a admitir una
intervención
sobrenatural en la
creación, mientras que
la ciencia explica que
en el origen de todo
hubo una gran explosión
seguida de la expansión
de las partículas
subatómicas, la
formación de los átomos,
el enfriamiento de las
masas gaseosas y la
condensación en miríadas
de astros, en uno de los
cuales, en un pequeño
planeta de un suburbio
del inmenso espacio nos
encontramos nosotros,
producto final de una
extraordinaria y
complejísima cadena de
sucesos.
Por otra parte, la
teoría de la evolución,
como todas las teorías
científicas, es
completamente neutra en
lo que concierne al
pensamiento religioso.
No surgió para oponerse
a una idea de
trascendencia sino para
explicar un fenómeno
natural como es el de la
diversidad
espacio-temporal de los
seres vivos. Es curioso
constatar que en el
momento actual vivimos
un cierto reencuentro
por parte de muchos
científicos con la
religión, y que este
reencuentro se da más
entre los físicos,
particularmente los
físicos teóricos, que
entre los biólogos
moleculares. Tal vez por
el reconocimiento en un
poder infinitamente
superior en el origen de
la materia y del
Universo, del que puede
explicar la aparición de
la vida y su
diversificación a base
de modificaciones
graduales de los genes y
los genomas. De este
modo, el físico se
enfrentaría al enigma
del paso de la nada al
todo, mientras que el
biólogo molecular ha
adquirido una posición
de poder manipulador
sobre una naturaleza que
nos ha revelado los
secretos de su
plasticidad.
Lo cierto es que el
ámbito de análisis de la
realidad del Universo,
el mundo y la vida, la
metodología utilizada
para comprender su
origen es diferente para
la ciencia, la filosofía
y la teología, aunque
todos persigan el mismo
fin y traten de
comprender el sentido de
la existencia. De esta
manera queda
reivindicado el
principio de
demarcación, que
establece los ámbitos
específicos de actuación
de todas las ciencias,
que en el caso de las
positivas no admite
ningún modo de
pensamiento que se
aparte de la FALSACIÓN (Popper).
Llevado a su extremo de
negar cualquier otra
realidad supone caer en
el Cientificismo, que al
darle la espalda a la
filosofía y la teología
renuncia a la legítima y
necesaria búsqueda de
explicaciones de todo
aquello que hoy no
sabemos y la ciencia no
es capaz de explicar.
3.3 La creencia en el
Dios Creador de los
textos del Génesis no se
opone a la teoría de la
evolución
Algunos encuentran
un punto de dificultad
en la admisión de la
teoría evolutiva por
razones religiosas, y
más en particular en el
contexto de la tradición
cristiana. El Génesis no
debe suponer una
dificultad, ya que el
relato bíblico no es un
libro de ciencia, ni
expone una relación
cronológica exacta de
los hechos de la
creación del mundo,
ciertamente no de forma
súbita ni simultánea
para todos los seres,
sino de manera ordenada
y sucesiva hasta llegar
al hombre. Se trata de
un relato sobre el
origen de todo basado en
la Revelación divina,
adaptado en cuanto a la
expresión literaria a la
forma de pensar de la
época en que fue
escrita.
Ya el viejo Profesor de
Teología de la
Universidad de Munich
Romano Guardini
(1885-1968), en su obra
póstuma, recogida a
finales de los años
sesenta, expresaba lo
siguiente sobre el
Génesis: "No podemos
tomarlo como texto
científico al estilo de
los que presentan
nuestros manuales y
tratados. Lo cual no
significa que sean algo
fantástico o arbitrario.
Sería un esfuerzo vano,
si como era habitual
hace unos decenios, se
quisiera armonizar las
distintas ideas de los
relatos de la creación
con los resultados de la
ciencia natural de cada
época...."
Dejando por sentado el
respeto debido a los
avances científicos en
materia de evolución, es
necesario añadir que
también debe ser
respetado el derecho a
la duda en aquellas
cuestiones que la
ciencia no ha llegado a
resolver
experimentalmente. En
este sentido hay que
reconocer que sigue
siendo un misterio
insondable el origen de
la materia que está en
la base de la
comprensión de todo
cuanto nos envuelve.
La ciencia es
demostrativa no
intuitiva. Su campo de
aplicación es el del
estudio de los fenómenos
naturales y dado que hay
fenómenos naturales que
por ahora se escapan a
la experimentación o a
la demostración
empírica, no se puede ni
se debe entrar en
polémicas sobre
cualquier idea que trate
de dar una explicación,
incluso sobrenatural,
simplemente porque se
aparta del método de
análisis habitual de la
ciencia. Deben cuando
menos respetarse las
ideas que traten de
explicar cualquier
fenómeno de la
naturaleza que
permanezca
científicamente
inexplicado,
sencillamente porque la
cualidad más genuina del
ser humano, la razón, le
induce a buscar
respuestas a todo lo que
le obsesiona.
Es por tanto fundamental
señalar que los
descubrimientos
científicos no han de
ser desatendidos o
ignorados por quienes
mantienen a ultranza una
lógica de trascendencia
de la existencia de
cuanto nos rodea, del
mismo modo que no es
propio de la ciencia
despreciar o ignorar
cualquier idea que
escape a su ámbito de
actividad, al menos
hasta que no se
demuestre lo contrario.
Sorprende por lo tanto
el hecho del
enfrentamiento del
creacionismo y el
evolucionismo como dos
corrientes
incompatibles, cuando en
el fondo ambas se
refieren a fenómenos
diferentes y en cierto
modo se complementan en
la visión del mundo del
hombre actual. El punto
inexplicado por la
ciencia no es el de la
capacidad de
modificación y aun
complicación de las
formas de vida, sino de
la procedencia de todo,
y ahí es donde encuentra
su sentido la creencia
en un Dios creador. A
esto se refería Isaac
Newton (1642-1727)
cuando afirmaba: El
conjunto del Universo no
podría nacer sin el
proyecto de un ser
inteligente
En resumen, en
cualquiera de las
vertientes de la
actividad intelectual
humana, deben quedar al
margen los prejuicios y
ha de haber voluntad de
analizar y en su caso,
acomodar el pensamiento
a las verdades que nos
ayudan a comprender el
mundo que nos rodea.
Muchos científicos y
grandes pensadores han
adecuado su fe en un
Dios creador a la
evidencia de la
evolución y de los
grandes descubrimientos
sobre la diversidad y
complejidad de los seres
vivos. Este es también
mi punto de vista. No
tenemos porque negar la
existencia de un Dios
creador de todo lo que
nos rodea y nos
maravilla, sino
maravillarnos de que lo
que nos rodea es
precisamente el fruto
del impulso creador y la
capacidad de evolución
con el que Dios lo creó
todo desde el principio
de los tiempos. Es a lo
que se refería el
Cardenal John Henry
Newman, contemporáneo
del propio Darwin. ¿Por
qué ha de haber
incompatibilidad entre
dos realidades como la
creación y la capacidad
de evolución de aquello
que fue creado?. La
aparición del Universo,
la Tierra, la vida y el
hombre son realidades
tangibles e
incuestionables, aunque
el origen de todo no
haya sido explicado
científicamente. La
evolución de la
naturaleza es una
realidad irrefutable
aunque contradiga la
literalidad de un texto
que en ningún modo trata
de ser un tratado
científico.
En mi opinión, no tiene
sentido expresar dudas
sobre la capacidad de
variación genética de
las formas de vida, que
es lo que llamamos
evolución, que queda
perfectamente explicado
con los grandes avances
de la Biología del siglo
XX, solo porque no somos
capaces de dominar una
teoría científica
semejante para explicar
el origen del Universo.
Es más si nos
maravillamos con el
orden de la Naturaleza,
que hemos ido
desvelando, es porque la
razón última del origen
de todo queda oculto a
lo que somos capaces de
entender y ante esta
situación, sigue siendo
perfectamente válida una
concepción que
trasciende la ciencia.
3.4 La Ciencia y la
religión dan
perspectivas
complementarias de la
realidad:
“La Ciencia sin Religión
es coja, y la Religión
sin Ciencia es Ciega” (Einstein
parafraseando a Inmanuel
Kant
El gran físico cuántico
Werner Heisenberg
(1901-1976), premio
Nobel por su aportación
en los avances de la
mecánica cuántica,
afirmaba Creo en Dios y
que de Él viene todo.
Las partículas atómicas
gozan de un orden tal
que tiene que haber sido
impuesto por alguien. La
teoría del mundo creado
es más probable que la
contraria desde el punto
de vista de la Ciencias
Naturales. La mayor
parte de los hombres de
Ciencia que yo conozco
ha logrado llegar a
Dios.
Uno de los fundadores de
la moderna física,
premio Nobel por sus
aportaciones en el campo
de la mecánica cuántica,
Max Planck ( 1858-1947)
participaba de una
opinión parecida: No se
da contradicción alguna
entre Religión y
Ciencias Naturales;
ambas son perfectamente
compatibles entre sí.
En la misma línea de
pensamiento se sitúa
Albert Einstein
(1879-1955), el más
importante físico
teórico, también
galardonado con el Nobel
por haber dado una
explicación
satisfactoria a la
existencia del Universo
a gran escala con su
teoría de la
relatividad. Einstein
afirmaba que la Ciencia
sin Religión es coja y
la Religión sin Ciencia
es ciega. Me basta
reflexionar sobre la
maravillosa estructura
del Universo y tratar
humildemente de penetrar
siquiera una parte
infinitesimal de la
sabiduría que se
manifiesta en la
Naturaleza para concluir
que Dios no juega a los
dados. El científico ha
de ser un hombre
profundamente
religioso".
El elenco de físicos que
comparten opinión con
los indicados es
innumerable, por lo que
baste con los citados
para revelar lo que
podría ser una postura
más generalizada de lo
que algunos pretenden.
Pero dado que los
ejemplos señalados
corresponden a una época
que podría considerarse
obsoleta o superada,
debemos señalar que todo
cuanto aquellos autores
descubrieron a
principios del siglo XX
sigue vigente a
comienzos del XXI y que
no hay ningún dato nuevo
que añadir a los
fundamentos científicos
en que basaban sus
afirmaciones en materia
de fe en un Dios
creador.
4. LAS RELACIONES
ENTRE EVOLUCIÓN Y
CREACIÓN EN ESTOS
ÚLTIMOS AÑOS
Los tiempos han
cambiado. Hoy los
científicos son más
comprensivos y
dialogantes y los
teólogos han modificado
muchas de sus posturas.
Prueba de ello es la
opinión que Juan Pablo
II expresa sobre la
evolución en su discurso
a la Academia Pontificia
de Ciencias en 1996, en
la que decía que “la
evolución ha dejado de
ser una mera hipótesis”.
Y citamos también las
palabras de Juan Pablo
II en 1987 con ocasión
del centenario de la
publicación de los
Principia de Newton
(que aparecieron en
1687): "la
ciencia puede
purificar a la religión
del error y de la
superstición; la
religión puede
purificar a la ciencia
de idolatría y falsos
absolutos. Cada una
puede atraer a la otra
hacia un mundo más
amplio, en el que ambas
puedan florecer".
Estas palabras han sido para muchos de los presentes un estímulo al difícil trabajo que realizamos.
¿Hay alguna salida? Me voy a referir a los conflictos en que están implicados los aspectos religiosos. Tal vez uno de los autores más clarificadores es Ian G. Barbour en su libro When Science meets Religion.[25] Siguiendo al profesor Ian G. Barbour[26], se han dado históricamente cuatro posturas en el modo de abordar las relaciones problemáticas entre evolución humana y creación humana: Son estas cuatro las posturas: conflicto, independencia, diálogo y encuentro. Si se recorre la historia de las Antropologías positivas y filosóficas se encuentran planteamientos que suponen un reto para la visión cristiana tradicional del ser humano. A finales del siglo XIX, las ideas de Darwin supusieron un duro argumento contra el argumento de la creación bíblica y la teoría del “diseño o designio divino” de la creación[27].
Pero vamos a un planteamiento más amplio: ¿por qué hay conflictos dentro de la ciencia y de la teología entre posturas innovadoras y posturas reaccionarias? Eso ha existido siempre. Y no solo ahora. Efectivamente, ha habido conflictos, pero hay que matizar los extremos. Es necesario reconocer, si se recorre la historia de las ciencias y de las teologías desde finales del siglo XIX, que las ideas reaccionarias contra todo lo que supone innovación científica, ha provocado múltiples conflictos. Y uno de los casos conflictivos se produce entre evolucionismo y fijismo.
Entre las posturas extremas está la de los que aceptan la posibilidad de que los procesos históricos del universo y del planeta, tanto los procesos geológicos como los biológicos den lugar a la aparición de elementos nuevos de carácter irreversible. La aceptación, desde las ciencias, de aparición de “novedad” histórica en la naturaleza con carácter irreversible es lo que llamamos “evolución” en una primera aproximación. Frente a la postura ampliamente “evolucionista” (que no hemos de identificar con la
25]
I. G. BARBOUR When
Science meets
Religion
Harper, San
Francisco, 2000,
205..
Traducción
española de
2003, Cuando
la ciencia se
encuentra con la
religión.
Editorial Sal
Terrae,
Santander.
[26]
Para una visión
amplia del
pensamiento y la
obra de Ian G.
Barbour, ver: J.
MONSERRAT,
Ciencia,
filosofía del
proceso y Dios
en Ian G.
Barbour.
Pensamiento,
UPCO, 60, 226
(2004) 33-86.
Este trabajo se
completa con
estos dos del
mismo autor: J.
MONSERRAT,
Ciencia,
bioquímica y
panenteísmo en
Arthur Peacocke.
Pensamiento,
UPCO, 61,
229 (2005)
59-76; J.
MONSERRAT, John
Polkinghorne,
ciencia y
religión desde
la física
teórica.
Pensamiento,
UPCO, 61, 231
(2005) 363-293.
[27]
I. G. BARBOUR
(2004) El
encuentro entre
ciencia y
religión.
Sal
Térrea,173-214.
“darwinista”)
situamos la
postura de
aquellos que se
oponen al hecho
natural de los
cambios
irreversibles en
la naturaleza.
Clásicamente se
los denomina
como “fijistas”.
¿Hay
alguna salida?
Al principio de
este trabajo me
he referido a la
figura de Ian G.
Barbour.
Sistematiza su
postura
en su libro ya
citado en su traducción
española de
2003, Cuando
la ciencia se
encuentra con la
religión
(editado por Sal
Terrae).
Vamos a ver cómo
se sitúan las
posturas en las
relaciones entre
Creación humana
y la Evolución
humana. Son
cuatro las
posturas:
conflicto,
independencia,
diálogo y
encuentro.
Para
un grupo de
científicos
(como el citado
Sampedro, e
incluso muchos
científicos del
equipo de
Atapuerca[1])
es imposible que
Evolución y
Creación puedan
acercarse. Son
posturas
irreconciliables.
Durante mucho
tiempo, la
postura de las
Iglesias fue
también de
conflicto sin
componendas.
De alguna
manera, son tres
los grandes
retos de algunas
ciencias a las
concepciones
religiosas de la
condición
humana, de los
que tratamos en
la anterior
conferencia:
1) El biologicismo reduccionista: el biólogo evolucionista Daniel Dennett. En La Conciencia explicada: una teoría interdisciplinar (1991, castellano 1995) intenta mostrar que sólo el materialismo explica los fenómenos mentales.
2) El instintivismo etológico (La genética conductual) niega la posibilidad de la libertad humana al estar determinados por los genes. Frente a los defensores de la libertad humana, la genética de la conducta intenta mostrar a partir de estudios de casos (como es el de los gemelos) que hay un determinismo genético. Aquí encontramos a Richard Dawkins.
3) El gemeticismo sociobiológico (La Sociobiología): postula que la llamada “moral humana” se ha construido por selección natural y va encaminada a la supervivencia de los genes. Edward O. Wilson (Sociobiología: la nueva síntesis, 1976, castellano, 1980) desafía al pensamiento religioso tradicional.
28] Para una crítica, tal vez poco comprensiva, con los científicos de Atapuerca, ver R. BERZOSA, opus cit.
2) LA POSTURA DE LA INDEPENDENCIA: “LA EVOLUCION Y LA CREACIÓN SON TEORÍAS PARALELAS QUE NUNCA SE ENCUENTRAN”
Hay científicos respetables que opinan que las afirmaciones “científicas” y las afirmaciones “religiosas” sobre evolución-creación humanas son independientes, y por ello, nunca habrá conflicto. Esta postura de “independencia” es defendida por el prestigioso paleontólogo americano fallecido en 2002, Stephen Jay Gould[29]En el dualismo clásico cuerpo-alma, ésta se supone inmaterial y no accesible a la investigación científica. Desde el punto de vista científico, algunos (W. Penfield El misterio de la mente, 1877; John Eccles y Karl Popper El yo y su cerebro, 1993) hablan del dualismo mente-cerebro.
La tercera postura de los científicos ante el conflicto evolución-creación, es el diálogo. Los teólogos y los científicos han criticado el dualismo cuerpo-alma y han elaborado independientemente (y también tras el diálogo) algunas alternativas, más allá del conflicto y de la independencia. El diálogo no lleva necesariamente al acuerdo, pero sí a la aceptación de las diferencias.
Hay tres temas de diálogo entre disciplinas: las neurociencias, la antropología y el yo social, la comparación entre el ordenador y el cerebro (las teorías del procesamiento de la información).
1) Las neurociencias y el yo corporeizado: Algunos psicólogos y teóricos de la ciencia elaboran modelos similares en los que es el ser humano como un todo el que conoce y se relaciona. Aquí hay un autor clave: Antonio Damasio (El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano, 1994, cast. 2003) Aquí hay un campo de diálogo fecundo. Por otra parte, algunos teólogos intentan recuperar la visión bíblica del YO como actividad unificada de pensamiento, sentimiento, volición y acción.
La Antropología y el yo social: otro campo de diálogo entre ciencia y teología se sitúa en el debate social. la Biblia insiste en el ser social del hombre.29] S. J. GOULD, Ciencia versus Religión: un falso conflicto. Crítica, colección Drakontos, Barcelona, 2000, 230 pág. Un comentario del mismo puede encontrarse en El País, Babelia, 20 mayo 2000, pág. 17.
1) Los antropólogos y psicólogos insisten en el carácter social del ser humano, la capacidad simbólica. Por otra parte, hoy hay teologías basadas en el carácter solidario y responsable del ser humano (H. R. Niebuhr, The responsible Self, 1963). Aquí puede haber un campo de diálogo fecundo.
2) El ordenador y el cerebro: Los científicos (como por ejemplo, Francisco Mora y otros), partiendo de las teorías del procesamiento de la información y de la inteligencia artificial, pretenden mostrar la emergencia de la inteligencia como un proceso natural y evolutivo. La capacidad de decisiones libres por parte de las máquinas puede ser un campo interdisciplinar de interés para el diálogo. Desde la teología, se ha acudido con frecuencia a los modelos emergentistas como un modo de explicar de forma natural la aparición de la razón[30].
4) LA POSTURA HACIA LA QUE HABRÍA QUE MARCHAR: LA DE LA INTEGRACIÓN o ENCUENTRO: “LA EVOLUCIÓN Y LA CREACIÓN RESPETAN LA AUTONOMÍA DE LA CIENCIA Y LA TEOLOGÍA, Y BUSCAN JUNTOS RESPUESTA A SUS PROBLEMAS”
Los partidarios de la integración, acuden de modo más sistemática a las ciencias y se muestran dispuestos a realizar una profunda reconstrucción teológica. De alguna manera, hacen Teología de la Ciencia. Estos temas está siendo tratados con extensión y profundidad los grupos integrados en el Instituto METANEXUS para la Ciencia y la Religión (www.metanexus.net) que han publicado recientemente una buena serie de libros de los que se hace mención a través de la revista Science&Theology News[31].
Aquí presentamos tres ejemplos de integración: las visiones teológicas de la persona como organismo biológico a la vez que yo responsable; los análisis filosóficos de la mente y el cerebro como dos aspectos de un mismo proceso; y la comprensión de la personalidad en la filosofía del proceso.
[31] El profesor P. LAIN ENTRALGO, ¿Qué es el hombre? Evolución y sentido de la vida. (Premio Internacional de Ensayo Jovellanos, 1999) Ediciones Nobel, Oviedo, 240 páginas.
[32] Un trabajo reciente e interesante es: SCHMITZ-MOORMANN, K. y SALMON, J. F., Teología de la creación de un mundo en evolución. Editorial Verbo Divino, Estella, 2005, 295 páginas. Y también: T. PETERS Y H. MARTINEZ Evolution from Creation to New Creation: Conflict, Conversation, Convergence. Abingd on Press. (2005) D. C. MATT God and the Big Bang. SkyLight Paths, Woodstock. (2004) M. RUSE The Evolution-Creation Struggle. Harvard Univers. Press, Cambridge, Mass., (2005) 336 pág.; Alister McGRATH Creation Minneapolis, (2005) 87 pág; J. POLKINGHORNE Science and Providence. God´s Interaction with the World. Templeton Foundation, (2005) 140 pág.
1) Organismo biológico y yo responsable: Hoy hay un campo de encuentro desde la evolución para entender los teólogos y los científicos nuestra raíz biológica y nuestra diferencia responsable. Es la tarea de muchas antropologías filosóficas. Por otra parte, hay teólogos, como Philip Hefner, que afirman que los seres humanos somos cocreadores creados en un proceso de creación continua. Somos creaturas de la naturaleza y de la cultura, condicionados por los genes y por la historia. Como co-creadores, buscamos nuevos caminos.
2) Mente y cerebro: dos aspectos de un único proceso: como veremos en otro lugar, los esfuerzos por entender de forma emergentista los procesos naturales (dentro del paradigma sistémico) clarifica y presenta un espacio de encuentro entre ciencia y religión[32].
3) La filosofía del proceso: el filósofo Whitehead y sus seguidores (y en parte Teilhard de Chardin) sostienen que los componentes básicos de la realidad no son dos clases de sustancias perdurables (mente y materia, cuerpo y espíritu) sino una sola clase de acontecimientos con dos aspectos o fases. Mientras que las sustancias son estáticas, fijas, y no varían según el contexto, los acontecimientos (“events”) están constituidos por sus relaciones y sus contextos en el espacio y en el tiempo. En la realidad hay niveles jerárquicos de complejidad. En el curso del desarrollo histórico van apareciendo niveles de complejidad que de alguna manera ya estaban contenidos en las etapas anteriores. Algunos han querido ver aquí un preformacionismo biológico. Aquí tenemos otro amplio campo de diálogo y de encuentro.
32] La Asociación interdisciplinar José de Acosta (ASINJA) publicó en 1985 un volumen que sistematiza mucha de esta problemática. A. DOU, editor; Mente y cuerpo. Editorial Mensajero, Biblioteca de Fomento Social, Bilbao, 34 (1985), 265 pág. Contiene, entre otras, esta colaboraciones: Barraquer Bordas, Ll. (1985). Aspectos neurológicos de la relación mente-cerebro. Calle, J. A. (1985). La dinámica cerebral desde la perspectiva de la inteligencia artificial. 185-194. Candela, J. A., Cañón, Hortal, A. (1985). Monismos, dualismos y emergentismos. 19-64. Font, J. (1985). Relación mente, cuerpo, entorno: la hipocondría; consideraciones que sugiero. 235-238. Hernández Espinosa, V. (1985). La relación mente- cuerpo en la clínica psiquiátrica. 219-234. Lorente, M. (1985). El problema mente- cerebro y la Física cuántica. 129-142. Núñez de Castro, I. (1985). Biología molecular de la memoria. 143-160. Pastor, F. (1985). Antropología paulina. 167-184. Riaza, F. (1985). Bergson y Teilhard de Chardin en el problema mente- cuerpo. 123-128. Riaza, M. (1985). La realidad unitaria del hombre según Zubiri. 195-218. Tornos, A. (1985). Estatuto epistemológico de los términos mente y cuerpo. 161-166.
CONCLUSIÓN
Estas afirmaciones tan explícitas pueden sorprender a algunas personas con poca formación. Tengo la convicción de que muchos cristianos hoy, no es que tengan dudas de fe sino lo que suelen tienen es más bien ignorancia, falta de formación. Por eso, hoy en una sociedad abierta y secularizada es muy necesaria la formación humana y teológica, la lectura crítica, la reflexión y el intercambio de puntos de vista.
Desde esta postura no dogmática y abierta que hoy mantienen muchos científicos (sean o no creyentes), estimo que se está tendiendo una mano a las religiones y a los teólogos para hacer posible el diálogo. Este diálogo debe llevar a encontrarse y tender puentes de entendimiento respetuosos con la posición de cada uno. Nos unen más cosas de lo que parece. Y, con frecuencia, nos separan más las palabras que las realidades. Esto no quiere decir que todos los científicos evolucionistas estén dispuestos a aceptar lo que los teólogos puedan aportar y criticarles. Pero partimos de que ambos, científicos y teólogos, deben estar dispuestos a dialogar y a encontrarse.
Estas palabras de Juan Pablo II, escritas en 1987, con ocasión del centenario de la publicación de los Principia de Newton (que aparecieron en 1687) son suficientemente expresivas y significativas de lo que deben ser los intentos de los cristianos bien formados que viven en una sociedad secularizada e impregnada por el pensamiento científico: "la ciencia puede purificar a la religión del error y de la superstición; la religión puede purificar a la ciencia de idolatría y falsos absolutos. Cada una puede atraer a la otra hacia un mundo más amplio, en el que ambas puedan florecer".